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    February 01

    Las dos versiones

    Las dos versiones de:

    Todos los sistemas de poder generan teorías filosóficas, teológicas y políticas que avalan y justifican su existencia. Al menos es lo que han desarrollado y planteado diversos autores como Berger y Luckman , Chomsky , Foucault , etc. y los fundamentos y ejemplos son innumerables.
    Si podemos consensuar en llamar capitalismo al sistema de poder actualmente hegemónico en el mundo podemos empezar a ver como una gran cantidad de instituciones dominantes producen un cuerpo inmenso de teorías, conocimientos, significados, de manera sistemática y permanente, destinados a instalar la idea de que este sistema es el único posible, y destinados a amoldar a las personas a las necesidades de las instituciones dominantes, y a aplacar cualquier disconformismo que surja.
    Desde nuestros primeros años en la escuela vamos recibiendo información mucho más tendiente a que seamos funcionales al sistema que a que seamos críticos con él. Mucho mas tendiente a que demos por ciertas algunas premisas necesarias, que a cultivar el pensamiento independiente, o la elucidación critica. Por eso Foucault decía que el poder se ejerce con el conocimiento, porque los conocimientos que se nos brindan no son cualquier conocimiento, no son imágenes calcadas de la realidad sino recortes seleccionados que tienden a llevarnos a que seamos sujetos adaptados, sujetos una ves más sujetados.
    En este marco, es posible analizar algunos conceptos clave y ver como se nos han dado significados particulares, significados lavados, inocuos sobre estos conceptos, como para que contribuyan a nuestra docilidad, a que sigamos siendo espectadores pasivos del rumbo que lleva nuestro mundo, nuestro propio país, nuestro propio planeta. Plantearemos algunos ejemplos, y veremos cómo pueden existir distintas versiones sobre un mismo concepto, siendo una en particular la que construyen y prefieren los productores de significados del sistema capitalista:

    Política:
    Se ha logrado instalar en la sociedad el repudio a la política, por tantos ejemplos de corrupción, de disputas por espacios de poder, de delitos de funcionarios públicos, etc. Se nos ha convencido en realidad que la política es eso, lo que hacen algunos seres mezquinos, ambiciosos y sin ética. Ésta es la definición de política que es funcional al sistema, la que lleva a muchísima gente a decir “a mi la política no me interesa”. Y es la que permite que todo siga igual.
    Existe otra versión sobre la política y es la que ya delineaba la frase de aquél viejo filósofo que hemos olvidado, y que al escucharla quizá no hayamos entendido: “El hombre es un ser político”.
    Toda acción de un gobernante necesita de un cierto apoyo por parte de la población. Ellos saben muy bien que las medidas impopulares generan inestabilidad y que, por ejemplo, un oponente las puede aprovechar para canalizar la disconformidad en su contra.
    Es decir, hay un nivel de aceptación popular mínimo requerido para mantenerse en el poder, sin el cual un gobernante pierde estabilidad y es fácilmente revocable. Y exactamente allí es donde nosotros entramos a jugar un papel importante. No sólo nuestra aceptación es necesaria para la estabilidad de un gobierno en particular sino que el sistema mismo depende de ella. Esta aceptación es un acto nuestro, es una forma de participar, y la participación, de una u otra manera, es inevitable. Aunque nos cueste asumirlo, no hay forma de que no participemos, a nosotros nos toca decidir si lo haremos aceptando, u organizándonos para tratar de cambiar algo.
    Es por eso que todos hacemos política. Cuando decimos “La política no me interesa” y nos quedamos viendo TV, estamos teniendo una posición muy política que consiste en dejar que los que ocupan cargos públicos tengan más libertad para actuar.
    Lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer hoy para intervenir en la realidad, será en parte la causa, lo que genere el mundo que le dejemos a nuestros hijos. Y ellos, que seguramente tendrán más conciencia porque se estarán confrontando directamente con un mundo seguramente más devastado y hostil que el actual, podrán reprocharnos –legítimamente- nuestra falta de compromiso y nuestro egoísmo si es que hubiéremos decidido no hacer nada aparte de construir un pequeño mundillo personal.
    Cierto es que no es fácil encontrar espacios de participación, de intervención, porque desde hace unos treinta años estos espacios escasean, principalmente porque las dictaduras que se dieron en América Latina tenían precisamente ese objetivo, enfocándose en eliminar justamente a las personas más conscientes de nuestra responsabilidad con respecto a la política. Pero el primer paso es la concientización y la discusión con nuestros pares, y si uno se anima, también puede buscar y encontrar en el barrio alguna asamblea popular que sigue funcionando y que lo recibirá con los brazos abiertos, o medios alternativos de comunicación que pueden ser encontrados y apoyados, o alguna otra cosa. Solo es necesario estar dispuesto, empezar a hablar del tema, preguntar, buscar, o idear.
    Democracia
    Así como con el concepto de política, hemos terminado por llamar “democracia” a algo que para otros puntos de vista es, por lo menos, dudoso. En realidad, el sistema que impera en nuestras sociedades capitalistas es un tipo de democracia: democracia representativa. No obstante, no estamos al tanto de esta categoría y pensamos que un voto cada dos o cuatro años nos convierte en protagonistas de la vida pública de un país porque así nos lo han enseñado en la escuela. Pero podríamos preguntarnos porqué no nos han enseñado nada sobre la diferencia entre democracia participativa y democracia representativa. Se trata de un debate que lleva siglos en los ámbitos sociológicos, políticos y filosóficos, pero casualmente no fue incorporado en los programas de estudios de nuestras escuelas.
    Las democracias participativas han funcionado durante poco tiempo en el sistema de soviets, en los primeros años de este siglo, antes de que Stalin y compañía las desmantelaran y traicionaran a los ideales del comunismo y a su pueblo instalando una tiranía.
    Funcionan también en muchísimas asambleas populares en nuestro país, funcionan en fábricas recuperadas, funcionan en Cuba, en Venezuela y otros lugares y sin embargo no las conocemos porque aparentemente a los productores de significado del sistema no les ha parecido lo suficientemente interesante este tipo de interacción humana como para difundirla a través de los medios masivos de comunicación que poseen. En cambio, se vienen encargando de que creamos que en Venezuela gobierna un criminal, o que en Cuba no hay elecciones.
    En esencia, la democracia participativa se diferencia de la representativa porque las decisiones y las elecciones no se realizan mediante un voto sino mediante el consenso. Por ejemplo, las personas que participan en una asamblea así deben discutir y llegar por consenso a una postura común, aceptada por todos, para tomar una decisión. Aunque a veces no es fácil lograrlo, vale la pena el esfuerzo, porque tiene muchas ventajas:
    La mas importante es que una decisión individual es el resultado de un solo punto de vista, una decisión grupal suele ser mucho mas eficiente y constructiva porque es el resultado de la interacción de muchos puntos de vista, de un debate en donde se han confrontado y escuchado los argumentos para sostener cada una de las posiciones. La visión que se tiene de un problema es mucho más amplia cuando varias personas opinan sobre el. Otra ventaja importante es que con el consenso, todo el grupo se apropia de la decisión y por lo tanto se da una mayor unión en el grupo y un mayor compromiso. Cuando hay voto, la persona no interacciona ni construye nada con sus pares. Tiene una postura determinada, preconstruida, va hacia el lugar prefijado, vuelca su voto y se va a su casa sin llevarse nada nuevo, sin haber aprendido algo junto con un grupo y con la misma postura que tenia. Si bien no alcanza este espacio para explicar en detalle lo que es la democracia participativa auténtica, ni es su objetivo, si pretende mostrar algunos aspectos:
    • que la existencia de este sistema tiene muchísimos años de funcionamiento,
    • que implica una verdadera participación de las personas en el rumbo que lleva su grupo humano,
    • que implica descubrir y utilizar la riqueza de la interacción y la construcción grupal,
    • que implica una visión del ser humano mucho más activo y comprometido con su realidad social y política, y que
    • implica un cambio a nivel subjetivo que tiende a la descentración de la persona. El actual sistema que impulsa el individualismo y la competencia, obstaculiza la capacidad de las personas de trabajar en grupos sin autoridades, y la posibilidad de interactuar considerando la opinión propia tan valiosa como la de cualquier otro.

    Como este sistema de poder en el que vivimos nos acondiciona desde chicos, no fue nada de esto lo que aprendimos tempranamente, sino que “…el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”, como dice la constitución nacional, es decir, la definición misma de la democracia representativa a la que ingenuamente comenzamos a llamar simplemente democracia.
    Por otra parte, basándose en que en la misma definición de democracia se encuentra la idea de que el gobierno debe representar la voluntad del pueblo, Chomsky plantea directamente que no estamos en democracia, porque la gente que se postula y gana en las elecciones con sus costosísimas campañas no representa los intereses de la mayoría. Explica que sí existe gente que podría representar los intereses de la mayoría, pero esas personas no tienen ninguna chance de competir en unas elecciones gubernamentales, ya que el triunfo en una elección tiene una relación proporcional con los millones que se gastan para aparecer en la mayor cantidad de espacios posibles. Por eso Chomsky explica que en la práctica cuando uno va a votar, con cada candidato uno esta eligiendo priorizar los intereses de un grupo determinado u otro de empresas, que son las que financian las campañas de cada uno de los candidatos. Por eso, siguiendo a Chomsky, podríamos plantear que mas que democracia, deberíamos llamar a estos sistemas “tiranías corporativas”. Si estamos atentos, veremos en nuestras democracias que casi cada vez que el estado moviliza sus fuerzas de choque, lo hace para defender intereses corporativos.
    La libertad de expresión
    Se nos ha explicado que una de las bondades de este sistema en el que vivimos es que hay total libertad para expresarse, cosa que en otros sistemas no, y que es muy bueno que todos puedan expresarse y respetar la diversidad de opinión y ser tolerante frente a las diferencias. Ese el concepto que los arquitectos de este sistema han logrado inculcarnos y que es una de las bases en las que descansa nuestra aceptación.
    Pero nuestros educadores y luego los medios no nos mostraron algunas limitaciones que tenia este concepto. Se les olvidó explicarnos que técnicamente las posibilidades de expresión no son iguales para todas y cada una de las personas que vivimos dentro de este sistema. Se les olvidó explicarnos que mientras los medios masivos de comunicación fueran comprables al mejor postor, la única visión del mundo que veríamos sería la de gente rica, que no quiere que nada cambie para poder seguir haciendo grandes negocios. Parece que no advirtieron que cada vez que decimos aquí hay libertad de expresión en realidad nos estamos refiriendo a que hay libertad de expresión para los que tienen el suficiente dinero como para hacerse oir.
    Claro, nosotros no les objetamos nada porque ya de antemano veníamos creyendo que en este sistema todos tienen las mismas oportunidades si se esfuerzan lo suficiente. Las oportunidades de expresarse seguramente no estaban exentas de aquella lógica. Al menos eso pensábamos.
    No nos habíamos dado cuenta todavía de que eso era una cruel y vil mentira, ya que para mucha gente, el solo hecho de nacer con un determinado color de piel o con un determinado acento, ya implica que esa persona tiene menos oportunidades que otros, por mas esfuerzos que haga. Ni hablar de lo miles de casos que no pueden terminar la escuela primaria o secundaria, y son victimas de otras variadas desigualdades a la hora de recibir recursos educativos, afectivos, económicos e intelectuales.
    No nos habíamos dado cuenta. A esos discursos violentos los habíamos incorporado ingenuamente, sin tener, claro, ninguna otra opción disponible.
    Quizá haya sido esto, lo chocante, lo burlón del término libertad de expresión, lo que los llevó a desplazarlo hasta casi reemplazarlo por libertad de prensa. Quizá este concepto podía usarse con más soltura porque no sonaba tan irónico. Ya si hablamos de prensa se sobreentiende que estamos hablando en primer término de gente poderosa que suele representar importantes lobbies, con lo cual uno puede esgrimir el término libertad de prensa con mayor soltura, sintiendo que se ajusta más a la realidad.